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Sal en invierno en la carretera: cómo afecta a las ruedas de tu bicicleta

Tuvalum

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¡Hola a todos! Esta semana que parece que viene una ola de frío seguramente nos encontremos sal en la carretera cuando salgamos en bicicleta. Ya sabéis que es frecuente que en invierno haya máquinas echando sal en carreteras comarcales y otras vías para evitar que con el riesgo de heladas se formen capas de hielo en el asfalto. Pero lo que muchos no saben es que la sal no se lleva bien con las ruedas de una bicicleta, tanto de aluminio como de carbono. En nuestro blog hemos hecho un artículo explicando cómo afecta la sal a las ruedas de una bicicleta. Hemos incluído algunos consejos y recomendaciones para evitar la corrosión galvánica que puede producir.

Aquí lo tenéis completo:

Cómo afecta la sal para derretir la nieve a las ruedas de tu bicicleta​

En invierno es frecuente encontrarse sal en la carretera cuando salimos a rodar en bicicleta. Echar sal al asfalto durante el invierno es una práctica habitual para derretir la nieve y evitar heladas. Su uso evita que se formen placas de hielo, pero por contra tiene algunos efectos negativos en las ruedas de tu bicicleta. Por eso, si quieres salir a realizar rutas sobre asfalto en zonas donde es habitual encontrarse sal en invierno te recomendamos seguir una serie de recomendaciones.

Antes de nada, te contamos qué le sucede a las ruedas de tu bicicleta cuando están durante mucho tiempo sobre asfalto salado. Tiene que ver con una reacción química llamada corrosión galvánica. Cuando se mezcla con el agua, la sal se convierte en un electrolito, lo que significa que puede provocar la corrosión de los metales. Ésta es la razón por la que en las zonas costeras es más fácil que los metales se oxiden y aparezcan síntomas de corrosión debido a la humedad y a la presencia de la sal del mar en el ambiente.

La corrosión galvánica se produce cuando dos metales diferentes están en contacto con un electrolito. En estas situaciones uno de ellos se oxida y el otro se reduce, provocando así la corrosión.

La corrosión galvánica puede afectar a las ruedas de tu bicicleta de varias maneras. En primer lugar, puede afectar a las partes metálicas, como los radios y los núcleos. Si estas partes se corroen, pueden debilitarse y romperse, lo que puede ser peligroso para tu seguridad mientras montas en bicicleta.

Para evitar que la sal dañe las ruedas de tu bicicleta de carretera es importante tomar algunas medidas de precaución. La medida más eficaz es evitar salir en bicicleta en días en los que haya sal en el asfalto, especialmente si está mojado. Pero si te gusta tanto el ciclismo como a nosotros lo más probable es que no puedas evitarlo y tus ganas de salir a rodar sean superiores a la actividad de las máquinas que reparten sal en la carretera.

Por eso, si no puedes quedarte en casa y vas a salir asegúrate de enjuagar tus ruedas con agua fría después de finalizar la ruta para eliminar cualquier residuo de sal. El agua debe estar fría porque la reacción química que provoca la corrosión es más rápida cuando está caliente. Pero no te centres sólo en las ruedas, en este tipo de circunstancias lo recomendable es lavar por completo la bicicleta, ya que la sal también puede acelerar la aparición de óxido y corrosión en otras partes del cuadro, manetas, cableado, frenos, tornillería, etc.

Además, debes tener en cuenta que esta corrosión galvánica también puede producirse incluso en condiciones secas. Por lo tanto no te limites simplemeten con lavar las ruedas, es importante que te asegures de que están completamente secas antes de guardar la bicicleta para la siguiente salida. Esto ayudará a evitar que la sal se adhiera a las ruedas y cause daño a largo plazo.

Sal y ruedas de carbono, enemigos íntimos​


Si has leído hasta aquí y piensas que por tener unas ruedas de carbono estás libre de los efectos de la sal en el asfato, debes saber que no es así. La corrosión galvánica también se produce entre la mayoría de los metales y la fibra de carbono. Por ejemplo, si los radios de tu rueda están hechos de aluminio y el núcleo es de carbono, la corrosión galvánica puede afectar a la adhesión entre estos dos materiales. Esto puede hacer que la rueda sea menos resistente y más propensa a romperse.

Las ruedas de carbono con una estructura de radios más gruesa son menos propensas a la corrosión galvánica que las ruedas de carbono con radios más delgados. Esto se debe a que las ruedas con radios más gruesos tienen menos áreas expuestas que puedan ser dañadas por la sal.

Otra forma de proteger tus ruedas de carbono de la sal es utilizar cubiertas de alta calidad que proporcionen una buena protección contra la penetración de la sal. Las cubiertas con capas de protección adicionales, como el butilo o la goma, pueden ayudar a evitar que la sal dañe tu rueda de carbono.

En cualquier caso, la recomendación es la misma que para las ruedas de aluminio: asegúrate de lavar las ruedas con agua fría y limpia después de salir en bicicleta por asfalto salado.

En conclusión, la sal que se distribuye sobre el asfalto en los fríos días de invierno para evitar heladas y deshacer la nieve puede tener un impacto negativo en las ruedas de tu bicicleta, especialmente si no se toman medidas adecuadas para protegerlas. Sin embargo, utilizando cubiertas de alta calidad y ruedas de carbono con radios más gruesos puedes minimizar el riesgo de daños a tus ruedas y disfrutar de tus entrenamientos invernales sin problemas. Y si vas a salir con las mismas ruedas de siempre, asegúrate de lavarlas con agua fría y limpia una vez termines la ruta y sécalas bien antes de guardar la bicicleta. De esta forma evitarás que aparezcan marcas de óxido y corrosión como consecuencia de la exposición a la sal.
 
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